'Stranger Things', episodio final explicado: la serie acaba con una caótica despedida a la infancia
SOURCE:20 Minutos ES|BY:Lucas Barquero
Los miedos más profundos de Vecna, la última decisión de Once y el relevo de la pandilla original: esto es todo lo que nos ha dejado el final de ‘Stranger Things’.
[Este artículo contiene SPOILERS de 'STRANGER THINGS' 5x08]
Apenas ha pasado un día, pero 2026 ya será recordado como el año en el que acabó Stranger Things. La serie pone fin a un ciclo. Su estreno, hace una década, marcó un antes y un después en la historia de la televisión, el streaming y sobre todo de Netflix. El gigante rojo estaba en plena expansión mundial y, en países como España, la serie se convirtió en un reclamo para asentar el servicio. Con el último capítulo estrenado este 1 de enero, la plataforma pierde a su más longevo y fructífero buque insignia.
En medio de la polémica compra de Warner Bros. Discovery, Netflix despide al producto que en su día definió la esencia de su Netflix Original o contenidos propios. El rojo de Stranger Things era el rojo Netflix y, para más de uno, el consumo de series a modo de maratón se asociará siempre con un pequeño pueblecito perdido de Indiana. Porque con la pandilla de Hawkins ha crecido toda una generación de espectadores que ahora se despiden también su propia infancia.
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Y si algo ha demostrado la serie, también su esperadísimo desenlace, es que el paso a la madurez puede ser la etapa más caótica de la vida. Pero, como bien distingue Dustin al final del episodio, no todos los caos son iguales. Existe el mal caos, origen de la anarquía y la destrucción, y el buen caos, origen de la innovación y el cambio. Toda adolescencia probablemente cuente con un poco de los dos y lo mismo sucede con este episodio, tan catártico como desigual, que pone fin al fenómeno de Netflix.
A lo largo de las dos horas de duración, la división entre estos dos extremos es clara. El mal caos abarca la primera mitad, los enredos entre los orígenes de Vecna, el Azotamentes y el jaleo de dimensiones. El buen caos, alabados sean los Duffer, aparece después con las despedidas, el cierre de cada uno de los personajes y el incorruptible espíritu de la serie. El final de un fenómeno de estas magnitudes nunca deja contentos a todos, y esta no iba a ser ninguna excepción.
Aunque el final esté algo lastrado por una temporada repetitiva y extendida de más -cuatro temporadas hubieran sido suficientes-, cuenta con una gran virtud: El conflicto, la intriga, el corazón del capítulo está muy lejos de eso. Los miedos más profundos de Vecna, la última decisión de Once y el relevo de la pandilla original: esto es todo lo que nos ha dejado el final de
los Duffer han obviado la manida fórmula del “¿Quién morirá?” típica de estos grandes desenlaces.
Stranger Things.
¿A qué le teme Henry Creel?
La última gran partida de Dragones y Mazmorras se juega en cuatro tableros: en el laberinto mental de Vecna, Holly y sus amigos escapan y se refugian en su recuerdo más traumático; en el Upside Down, Hopper, Murray, Once y Kali viajan hasta el laboratorio para detonar todas las dimensiones, en el Abismo, el resto del equipo ataca el castillo de Vecna; y, por último, en Hawkins el ejército sigue dando guerra. Pero vayamos por orden con esta complicada matrioska, separando el buen y el mal caos.
En el primer tablero Holly y los otros 11 niños están siendo poseídos por Henry Creel, es decir Vecna, cuando Once (Millie Bobby Brown) y Ocho, con la ayuda de Max (Sadie Sink), interrumpen la sesión de espiritismo. Aparece entonces el primero de varios, y algo decepcionantes, enfrentamientos contra Vecna y entre todos consiguen hacerlo desaparecer. Pero solo han ganado un asalto. Max y Once guían a los niños hasta el único lugar que saben que Vecna no puede cruzar: la cueva.
O eso era hasta ahora. Desesperado por ver cómo se desmoronan sus planes, Henry se atreve por primera vez a adentrarse en su recuerdo más traumático. Los niños se ven obligados a profundizar aún más en su subconsciente y aquí aparece una de las mayores decepciones del episodio. Ya sabíamos que Henry Creel de pequeño se había encontrado con un científico paranoico que se aferraba a un maletín y que en un forcejeo había acabado matándolo. Pero ahora tampoco se nos explica mucho más.
Al parecer en ese maletín había una piedra que, como si fuese el anillo de Frodo, corrompía a quien lo tocaba y lo conectaba con el Azotamentes. Ese es el origen, decepcionante, de Vecna.Will (Noah Schnapp) consigue adentrarse también en su recuerdos e intenta hacerle ver que él también fue una víctima del Azotamentes y que tiene capacidad de cambiar, pero Vecna no parece tener ninguna intención de hacerlo. Lo único que reconoce es que él pudo resistirlo y no lo hizo.
Desgraciadamente, este es el final del laberinto mental que llevaban toda la temporada preparando y parece, en parte, que los creadores también han acabado perdidos en ese mismo laberinto. Porque no se entiende del todo y los retazos que se presentan de la vida de Henry como adolescente en Hawkins, cuando coincidió en el instituto con Joyce o Hopper, también quedan completamente aislados y desaprovechados. Pero pasemos al siguiente tablero.
Una última zambullida
En el Upside Down, Once ha regresado a la máquina del laboratorio del Dr. Brenner con la que nos la presentaron de niña y la verdad es que da nostalgia aquella ciencia ficción más oscura de la primera temporada. De cualquier manera, desde la máquina de agua es cómo Once ha conseguido acceder al laberinto mental de Vecna. Hopper, Murray y Kali la acompañan para protegerla desde el laboratorio.
Lleno de rabia, Vecna decide atacar dónde más le duele: Hopper. Por primera vez consigue entrar en su mente para causar el caos entre el grupo. Vecna le revela a Hopper el plan de Once y Ocho de inmolarse con el Upside Down y a punto está -no se termina de entender por qué no lo hace- de conseguir que dispare sin querer a Once. Esta escena nos lleva, por lo menos, a la típica arenga previa a la batalla que todos estábamos esperando.
Hopper la anima aferrarse a la vida y acabar de una vez con el sufrimiento que le han causado todos los experimentos. Es imposible no emocionarse con ellos, pero no nos dejan mucho tiempo porque al instante descubren que el teniente Akers ha llegado al laboratorio para acabar con ellos. Traen la kriptonita de Once, pero, como ha sucedido a lo largo de toda la temporada, el ejército no llega nunca a suponer una amenaza real para los personajes. Por lo menos para los protagonistas
Casi mejor ni hablar del desaprovechadísimo personaje de la Dra. Kay (Linda Hamilton) que en este episodio se limita a pasearse de un lado a otro por Hawkins sin mediar palabra. Aunque, eso sí, ver cómo los soldados caen como moscas da bastante gusto. Hopper está apunto de acabar con todos, pero Akers consigue capturarlos y, antes de que les salve Murray, hiere de muerte a Kali. La necroporra queda inaugurada, pero casi ni cuenta porque el personaje apenas había aparecido en la serie.
Chúpate esa, Amstrong
Más peliagudo hubiese sido acabar con la vida de Steve, que está a punto de caer al vacío en la incursión hacia el Abismo. Pero los Duffer quieren, tal vez demasiado, a sus personajes y el equipo completo consigue colarse sanos y salvos en el Abismo. Del colegio han pasado a convertirse en viajeros interdimensionales, desde luego les va a quedar un currículum para enmarcar. Sobre todo a Nancy que lidera la operación como si estuviera recién salida de Mad Max o de Alien.
Cuando al fin alcanzan el castillo donde Vecna retiene a los niños, descubren que, si tiene unas torres que parecen patas de araña y le cuelgan unas lianas que parecen tela de araña, es porque, efectivamente, el castillo es una araña gigantesca. Y no una araña cualquiera, el Azotamentes, villano indiscutible de la serie hasta que apareció Vecna (el hecho de que Vecna no apareciera antes en la serie sigue siendo aún un poco confuso).
Tampoco lo piensan mucho porque se ven arrojados a una batalla campal. En este punto es imposible no sentir un ligero déjà vu al recordar la batalla del centro comercial que cerraba la tercera temporada. Es como una versión con esteroides de aquella escena, en vez de fuego artificiales utilizan cócteles molotov y en vez de un niño con poderes ahora hay dos. Además de Will, Once aparece para salvar el día, no sin antes dejarnos una escena de despedida aún más emocionante con Hopper.
Once vuela hasta introducirse en el corazón del Azotamentes y así enfrentarse a su siervo, Vecna. Con la ayuda de Will consiguen, con relativa facilidad, acabar con él. Pero el golpe final lo da Joyce (Winona Ryder), un personaje que apenas ha tenido peso en el capítulo ni en la temporada, pero que ha cargado con su mítica hacha hasta el Abismo para acabar decapitando a Vecna.
Queda entonces una sensación de extraña calma. Rescatan finalmente a Holly y al resto de niños y, en el Upside Down, colocan el vinilo de Prince que ha preparado Mike para detonar todas las dimensiones de una. De vuelta al cochambroso camión de Murray se parece respirar incluso alegría, pero no les dura mucho. Todavía queda mucho metraje.
Purple Rain para el Apocalipsis
En el cuarto y último tablero, Hawkins, les espera el ejército al completo. No nos emocionemos, la Dra. Kay tampoco dirá ahora ni una sola palabra. A Once tampoco le hace falta para entender la situación: si sigue viva perseguirán hasta la muerte a sus amigos. Tiene que acabar ese círculo y lo hará al ritmo de Purple Rain. La última canción del vinilo que detonará la bomba en el Upside Down.
Once se separa del grupo, que ya ha capturado el ejército, y a través de la telekinesis consigue despedirse de Mike en una escena que perdurará mucho más que la gran batalla. Aquí es donde todo ese caos malo, empieza a cambiar de bando. La ambigua relación entre Vecna y Azotamentes, las reiteraciones, los defectos… aquí se superan por un giro más creativo, aparece la emoción genuina. Aún queda más de media hora y lejos del anticlimax, todas las piezas empiezan a encajar satisfactoriamente.
Once se desvanece con el Upside Down y funde a negro. El MAC-Z ya no es un complejo militar y vuelve a ser la plaza de Hawkins. Pasa más de un año, 1989, los ochenta también están a punto de acabar y según nos cuenta Rockin’ Robin, los niños están a punto de graduarse. Todos parecen haber pasado página, menos Mike. Pero afortunadamente Hopper está allí y juntos pueden procesar su duelo y aprender de los errores que cometió al culparse por la muerte de su primera hija.
Dustin deja otro discurso para enmarcar en la graduación: reivindica al difunto Eddie con una camiseta del Hellfire Club y todas las relaciones que han podido forjar gracias al infierno que han vivido juntos. Mención especial para el señor Wheeler, el gran olvidado, que nos regala una última vez su mítica frase: “Esa lengua”. Con él nos damos cuenta de que ya han dejado de ser niños y lo mismo sucede con los que al empezar la serie eran adolescentes. Ahora son casi, casi, adultos.
Steve se ha convertido en el entrenador de béisbol del colegio de Hawkins, Nancy ha dejado la universidad para trabajar en un periódico y Jonathan se quiere convertir en un director de cine. ¿Quién no querría hacerlo después de haber vivido lo que él ha vivido? Por su parte, Hopper consigue al fin su cita en Enzo’s con Joyce y le propone matrimonio. También menciona que le han ofrecido un puesto en Montauk, guiño al título original y a la teoría conspiranoica que inspiró toda la serie.
Pero el verdadero final llega, como no podía ser de otra manera, con una partida de Dragones y Mazmorras. Esta última escena homenajea la primera escena de toda la serie. Tras terminar una campaña le piden a Mike que les cuente mejor cómo terminaría cada uno de sus personajes. Así se nos ofrecen vistazos a su futuro: Will viviendo tranquilo su sexualidad, Lucas y Max juntos, Dustin como un universitario aplicado y Mike se convierte en un escritor para contar todas sus historias.
Y aún hay tiempo de más revelaciones: Mike les confiesa que cree que Once utilizó los poderes de Kali para engañarles, fingir su muerte y liberarlos de la presión de los militares. Mike cree que Once llegó al final a esa triple cascada y vive tranquila. O por lo menos eso decide creer. “Elijo creer”, le responde el resto. Y nosotros también elegimos creer que, pese a haberse estirado y repetido de más, Stranger Things ha conseguido mantenerse fiel a su espíritu.
Uno a uno van dejando sus carpetas de juego en ese sótano donde han pasado la infancia entera imaginando historias y suben los escalones hacia la madurez. El último en hacerlo es Mike, pero antes le interrumpen Holly y sus amigos, Derek incluido, para comenzar su propia partida. A la espera de los spin-off independientes de Stranger Things, hasta aquí ha llegado el análisis de la quinta y última temporada. El legado está a salvo, el relevo asegurado y la partida ha terminado.