Traición, ambición y burocracia: la amarga verdad tras el mito de los samuráis
Danny Chaplin no es un historiador al uso: este británico luce un traje entallado y una camisa abierta a la altura del pecho. Su porte es el de un 'broker' de banca; un hombre de negocios presto para seducir accionistas. Aunque él, sin embargo, prefiere deslumbrar lectores adentrándose en el Japón de los siglos XV, XVI y XVII. En su nuevo ensayo, 'Sengoku Jidai' (Ático de los libros) , este medievalista analiza un período que sentó las bases del Japón moderno y en el que los samuráis vivieron su última era dorada. Y es que, a partir de entonces, la popularización del ejército les alejó de los campos de batalla y les convirtió en administradores centrados en la burocracia local. Así, hasta su desaparición definitiva, ya como élite caduca, en el siglo XIX.–¿Quiénes eran en realidad los samuráis?Los samuráis eran la élite guerrera del Japón premoderno. Comenzaron como luchadores provinciales a sueldo y evolucionaron hasta convertirse en la columna vertebral política, militar y cultural del estado japonés. En mi libro, muestro cómo surgieron de las milicias ' bushi ' del período Heian (siglos VIII al XII) y se convirtieron en el estrato gobernante de los shogunatos de Kamakura, Muromachi y Tokugawa. Los samuráis llegaron a encarnar una ética distintiva de lealtad, autodisciplina y habilidad marcial, pero para la era Sengoku (siglos XV al XVII) ya no eran solo guerreros, sino también administradores, burócratas de ciudades-castillo y guardianes de la ley y el orden. Para el período Edo Tokugawa (siglos XVII al XIX) eran la élite moral de un Japón pacífico, ligados tanto por el código y el deber como por la espada.Noticia Relacionada estandar Si 'Shogun', arcabuces y samuráis en un 'Juego de tronos' a la japonesa Lucía Cabanelas–¿Eran tan nobles y leales como se nos ha contado?Los samuráis combinaban ferocidad y refinamiento, violencia y poesía, esgrima y estatismo. Dejaron tras de sí una leyenda de lealtad absoluta, pero su verdadera historia es mucho más compleja. Impregnada de ambición, traición y maniobras políticas, esta tensión entre ideal y realidad los hace muy cautivadores. Vivían según ideales que no lograban mantener, y es precisamente esa brecha tan humana entre código y conducta lo que provoca fascinación.–¿Por qué nos fascinan tanto en la actualidad?Porque encarnan un anhelo universal tan relevante hoy como lo fue hace quinientos años: el deseo de encontrarle sentido al deber. Ofrecen honor en las dificultades e identidad moral en un mundo caótico. La modernidad valora la expresión individual, pero nos sentimos atraídos por figuras que representan algo más grande: disciplina, coraje, sacrificio, maestría... Los samuráis , tanto en la historia como en la imaginación, representan una forma idealizada de esos valores. Nos recuerdan un mundo donde la identidad y la posición social eran sacrosantas. Para los samuráis, la vida misma dependía de un momento de claridad y determinación.«Los samuráis dejaron una leyenda de lealtad absoluta, pero su verdadera historia está impregnada de ambición, traición y maniobras políticas. Esta tensión entre ideal y realidad los hace muy cautivadores» Danny Chaplin–¿Cómo se entrenaban?, ¿en qué ámbitos se formaban?Se buscaba que fuesen mucho más que asesinos. Se les formaba en las élites gobernantes y se les educaba en la habilidad militar y en el refinamiento cultural. Su entrenamiento comenzaba en la infancia, en la casa de su señor o de un vasallo de alto rango. Allí, los niños aprendían tiro con arco a caballo, esgrima y autodisciplina. El entrenamiento físico no se limitaba al combate, se trataba de aprender a obedecer, a soportar las dificultades y a controlar el miedo. Pero su educación siempre fue dual: marcial por un lado, literaria por el otro. Se esperaba que leyeran textos clásicos chinos, estudiaran la ética confuciana, compusieran poesía y dominaran la caligrafía, habilidades esenciales para gobernar en una época donde la administración se basaba en órdenes escritas, registros y diplomacia.Danny Chaplin Ático de los Libros–Afirma que daban mucha importancia a la literatura y a la caligrafía...Sí. Su pincelada se consideraba una extensión del carácter: los trazos firmes reflejaban firmeza interior, mientras que la caligrafía descuidada era un defecto moral y estético. Incluso señores de la guerra curtidos como Takeda Shingen y Uesugi Kenshin escribían cartas elegantes. Y, para la época Edo, los samuráis enseñaban en escuelas y atendían oficinas burocráticas. Esta fusión de espada y pincel creó un ideal distintivo: el guerrero culto, tan cómodo en el dojo como en el escritorio. Su figura contribuyó a domar a una clase violenta para convertirla en una capaz de gobernar una sociedad en paz durante dos siglos y medio.Segoku Jidai Editorial Ático de los libros Páginas 792 Precio 34,95 Tapa Dura con sobrecubierta–¿Cuándo y por qué decayó el samurái?El samurái, como clase social, persistió hasta finales del siglo XIX, cuando Japón se abrió al resto del mundo y comenzó la modernización. Pero la 'clase samurái', por así decirlo, estuvo en una suerte de declive espiritual durante un siglo. Tenemos numerosas historias de administradores samuráis que empeñaron sus preciadas katanas heredadas de sus ancestros porque no podían llegar a fin de mes con sus salarios de burócrata. El acto que quizás asestó el golpe de gracia a los samuráis fue la apertura del ejército japonés al reclutamiento masivo, incluyendo a las clases artesanas y campesinas. Esto, más que cualquier otra cosa, anuló por completo el monopolio samurái del combate. Por un lado, Oda Nobunaga hizo que el campo de batalla pasara a estar dominado por lanceros humildes. Por otro, las reformas Meiji proporcionaron a los campesinos modernos fusiles de retrocarga, ametralladoras Gatling y artillería. ¡Todas las armas eficaces y letales de la guerra moderna! El énfasis samurái en las artes militares no pudo sobrevivir a eso.

