Un viaje a Venezuela y una reflexión sobre dos horizontes lejanos
Una visita con trasfondo emocional al parque de Cananima sirve para reflexionar sobre la alimentación del mundo desarrollado y el que lucha por serlo
Los silencios, las pausas y el propio itinerario confirmaban que era un viaje de despedida. Mi amigo se desmoronaba. Bártulos y antiguos entusiasmos entre los objetos y libros acumulados en cajas a lo largo de los años ahora obstaculizaban el pasillo de una casa que durante décadas vio pasar a individuos excepcionales. Cenamos con alguno de ellos. Al día siguiente volamos al parque nacional Canaima, en Venezuela, en una avioneta destartalada. Tepuyes, acantilados, saltos de agua, ríos color café y grutas con pozos, fuentes de agua cristalina teñida de ámbar ajenas a nuestro silencio. Una visión que destacaba que las experiencias, y las emociones que se generan, no pueden encapsularse en una forma geométrica de cartón, solo en la memoria o entre los delgados bordes del papel donde se relatan.
Pregunté a un grupo de jóvenes indígenas pemones por su cocina. Mencionaron a su abuela, que de niña había crecido sin entrar en contacto con el hombre blanco. “¡Ha vivido en los dos mundos!”, dijeron. En la práctica, hay innumerables mundos, y formas de consumir en ellos, tomando en cuenta las diferentes variables que los atraviesan. El libro Hungry Planet: What the World Eats —planeta hambriento: lo que come el mundo—, publicado en 2005 por el fotógrafo Peter Menzel y la escritora Faith D’Aluisio, es una muestra de ello. Ese trabajo documenta los hábitos alimentarios de 30 familias promedio de 24 países, aportando los listados de los productos y los gastos semanales en alimentación de cada una. Presenta una visión cenital de las costumbres, los usos y hasta las paradojas que se reparten por los platos de los distintos continentes. Acredita algo que sabemos o, cuando menos, intuimos: que las economías menos desarrolladas gastan hasta un 500% menos en procurar qué llevarse a la boca. Su dieta, sustentada en vegetales, cereales y legumbres, es más saludable que en regiones en principio más avanzadas. Son países con estándares de vida bajos, donde todo sucede lentamente o no sucede. En su mayoría se encuentran por África, Asia, Centroamérica y América del Sur. Los retratos familiares muestran sacos de granos, bolsas con especias, cebollas, garrafas de agua, en el mejor de los casos, algunas gallinas, algo de fruta, que, según se van incrementando las opciones, se completan con más variedades de hortalizas, tubérculos y otras alternativas de semillas y frutos vinculados a su entorno. Las imágenes de los países industrializados exhiben un , comida elaborada, artículos procesados ricos en carbohidratos, carnes transformadas, , sándwiches, dulces y helados, bebidas embotelladas, con más o menos presencia de alimentos frescos, a menudo de manera exigua.