Veneno en flechas de hace 60.000 años: hallada la prueba más antigua de su uso en armas humanas
SOURCE:El Pais|BY:Selva Vargas Reátegui
El descubrimiento en Sudáfrica identifica alcaloides tóxicos en estos proyectiles, utilizados para cazar durante el Paleolítico
El uso de armas de caza envenenadas es una de las innovaciones más importantes en la historia de la obtención de carne y ha intrigado a los investigadores durante siglos. Hasta ahora, la evidencia más antigua procedía de unas puntas de flecha de hueso con residuos de glucósidos tóxicos halladas en la cueva de Kruger, en Sudáfrica, que databan del Holoceno medio, hace unos 6.700 años. Sin embargo, un estudio que se publica este miércoles en la revista ScienceAdvances amplía de forma notable esa cronología. La investigación muestra que hace unos 60.000 años los primeros humanos modernos ya utilizaban flechas envenenadas para cazar en el sur de África, un hallazgo que pone en evidencia que estos habitantes contaban con tecnología más compleja de lo que se creía.
El arqueólogo Sven Isaksson y su equipo analizaron los restos químicos de sustancias tóxicas conservados en diminutas puntas de flecha de piedra (microlitos), que fueron extraídas del yacimiento de Umhlatuzana Rock Shelter, en la provincia sudafricana de KwaZulu-Natal. “La evidencia directa antes de este análisis también procedía del sur de África, pero tenían unos 7.000 años. Además, había pruebas indirectas, como tubos utilizados para aplicar el veneno”, detalla Isaksson. Para este profesor e investigador de la Universidad de Estocolmo, el descubrimiento deja en manifiesto capacidades mentales avanzadas. “Estamos hablando de humanos modernos, con habilidades cognitivas adelantadas y conocimientos culturales complejos”, afirma.
El equipo encontró diez microlitos de cuarzo. Al analizarlos, en cinco de ellos se identificaron dos alcaloides tóxicos de origen vegetal: buphandrina y epibuphanisina. Estas sustancias proceden de la Boophone disticha. Tras pruebas toxicológicas, esta planta mostró que, incluso con pequeñas cantidades, puede ser letal en roedores. En el caso de humanos, los síntomas pueden incluir náuseas, flacidez muscular, alteración visual, parálisis respiratoria, modificación del pulso y coma.
Daño de efecto retardado
Los investigadores detallaron que la Boophone disticha ha sido utilizada por comunidades cazadoras-recolectoras para impregnar flechas con veneno, pero, en bajas dosis, puede tener efectos medicinales. Para el investigador, el hallazgo nos habla también del conocimiento botánico de aquellos grupos humanos. “La gente ha usado plantas durante muchísimo tiempo”, señala, “como alimento, para fabricar herramientas, y también de forma deliberada por sus propiedades químicas, ya sea como medicamento, droga o veneno”.
Las flechas envenenadas no estaban diseñadas para matar al instante. Se trataba más bien de armas de efecto retardado: el animal herido huye, pero el veneno actúa lentamente y lo debilita hasta que colapsa. Mientras, el cazador debe seguir su rastro durante kilómetros. “El veneno hería al animal y entraba en su torrente sanguíneo”, subraya Isaksson.
Los microlitos analizados presentaban fracturas y microestrías típicas del impacto como proyectiles, así como restos de adhesivos complejos mezclados con pigmentos minerales. “Cuando aparecieron estas muestras tan pequeñas, tuve que ajustar los protocolos que utilizamos en el laboratorio” cuenta el arqueólogo. “Tenía que asegurarme de que estuvieran intactas, sin contaminar, sin perder nada por el camino”.
¿Qué cazaban? Los investigadores no pueden saberlo con certeza. El material óseo del yacimiento de Umhlatuzana está muy fragmentado y no permite identificar con precisión las especies. Sin embargo, la comparación con otros yacimientos contemporáneos mejor conservados sugiere que se trataba, sobre todo, de caza pequeña y mediana. “Normalmente, se cazaban animales como jabalíes o antílopes pequeños o la gacela saltarina”, explica el arqueólogo.
Parte de la clave del hallazgo, subraya, reside en las condiciones excepcionales del yacimiento sudafricano donde se encontraron las flechas: “Algunas propiedades químicas de las capas del lugar son especialmente buenas para la conservación”. Estudios geoquímicos previos han demostrado que el suelo ha sufrido muy poca alteración por la actividad de organismos vivos, lo que favoreció la preservación de los residuos.
“No habíamos trabajado antes con un conjunto tan amplio de muestras etnohistóricas”, añade Isaksson. “Estas muestras pueden contener cientos de componentes, muchos de ellos grupos funcionales y polares que no sobreviven durante mucho tiempo en un contexto arqueológico. Pero entre todos ellos había unos pocos, y entre esos, los dos alcaloides que finalmente conseguimos identificar”.