Volver al origen: hay que revivir los valores navideños priorizando el tiempo en familia y lo que no es material
SOURCE:El Pais|BY:Alejandra Melús
Compartir experiencias con los niños, disfrutar de una tarde de juegos o leer juntos un cuento puede ser el recuerdo que siempre perdure y el mayor presente que podemos ofrecer y recibir
Acompañar la Navidad de los hijos nos traslada indudablemente a nuestras propias Navidades de niños. Esos recuerdos en familia que, casi sin quererlo, traen a la mente el olor de aquella receta que siempre preparaba la abuela para la comida de Navidad o aquel disco de villancicos que sonaba sin cesar cada año. E incluso el recuerdo de aquel vestido precioso que picaba al ponértelo, pero era tu mejor gala para celebrar la Nochevieja en familia.
Las Navidades han cambiado mucho —y eso que de esos recuerdos solo han pasado dos o tres décadas— porque la sociedad avanza muy deprisa y nos empuja a montarnos en un tren que, a veces, no nos hace felices. El bombardeo continuo de planes y compromisos navideños, la necesidad de cumplir con tantos objetivos para poder presumir de estar viviendo la mejor Navidad de nuestras vidas y el continuo consumismo están dejando de lado el verdadero propósito de estas fiestas.
Más allá del significado religioso, la Navidad pretende ser un momento de reflexión, de encuentro, de gratitud, donde poder poner en práctica todos aquellos valores en los que se cimienta la familia. Los niños —y los adultos— no necesitan de una fuente inagotable de estímulos para vivir de un modo apasionante y feliz estas fechas. Es decir, lo material nunca debe suplir a lo emocional. Se trata de cambiar el foco del “necesitar” al “desear” y del “tener” al “ser”.
Hoy el concepto valor se emplea a diario con cierta ligereza, diluyendo su importancia y el peso que tienen en el día a día del ser humano. Los valores son aquellas cualidades y principios que definen a la persona, siendo la principal guía en la conducta de cada uno y teniendo un papel fundamental en la formación de cada vida. Para poder inculcarlos en los niños es crucial que los adultos que les acompañan den ejemplo y sean el espejo donde puedan reflejarse. De nada sirve un mensaje verbal si el modelo práctico no lo acompaña.
En Navidad, hay muchos principios éticos relevantes que se pueden potenciar y poner en práctica. La gratitud es uno de ellos. Esta época es una oportunidad única en la que poder sentirse afortunado por lo que uno tiene, agradecido por poder vivir un presente donde la salud, el amor y la calma son la base. Aprender a no dar por hecho aquello que es valioso para la plenitud del ser humano es el verdadero regalo. Enseñar a los niños a ser agradecidos, a apreciar lo increíble que es lo cotidiano, a valorar la importancia de tener una familia o un hogar es la verdadera fortuna de la vida.
La solidaridad es otro de los valores fundamentales que salen a relucir en estas fechas. Aprender a disfrutar desde la empatía, reconociendo las necesidades de los demás, siendo más feliz compartiendo con otros que recibiendo, puede suponer un gran aprendizaje para la infancia. Cocinar una receta especial o preparar un presente para donar, envolverlo y llevarlo allí donde haga ilusión, pueden ser unas tradiciones de gran valor para celebrar la Navidad.
Aquello que no se puede comprar es lo más valioso que tenemos. Por ello, el tiempo es el mayor presente que podemos ofrecer y recibir. Compartir experiencias con los pequeños, disfrutar de una tarde de juegos, leer juntos un cuento o visitar a un familiar una tarde puede ser el recuerdo que siempre perdure en los corazones de todos, tanto de niños como de adultos. Estar presentes y disponibles para los hijos les enseña que el amor se demuestra a diario, acompañándoles, escuchándoles y compartiendo momentos, sin necesidad de hacer ningún gasto económico ni adquirir nada material.
Es tiempo de ir con calma, poniendo en práctica la paciencia y la tolerancia. Escogiendo las batallas necesarias en cada caso, sin perderse en lo insignificante y apreciando lo que de verdad es importante. La amabilidad nunca sobra y el respeto en estos momentos donde la familia se une, se comparten opiniones y muchas conversaciones, es un imprescindible que nunca debe faltar.
En conclusión, la Navidad siempre va a ser una fecha ligada a las buenas costumbres de cada familia. Para poder ponerlas en práctica es imprescindible no dejarse llevar por las modas, el consumismo y las prisas. Generar recuerdos que perduren a lo largo de los años ofrecerá a la familia seguridad, conexión y un vínculo de apego sano y fuerte entre padres e hijos, a la vez que la posibilidad de integrar nuevas tradiciones y costumbres navideñas. Volver a los valores principales es una invitación a simplificar. Se trata de reducir las obligaciones y el estrés social para poder conectar con la esencia de cada uno.