Vox, impermeable a las crisis internas: no le pasan factura ni las críticas ni el escándalo de Revuelta
El único momento de este año en el que Vox se resintió en las encuestas fue con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Las amenazas de la Administración estadounidense con aranceles imposibles de digerir —con el paso de los meses vendrían los matices— y un discurso que ponía a Europa en el punto de mira —eso no ha cambiado— puso en un brete complicado al partido, que insistía en exhibirse como el único aliado en España del presidente norteamericano. El discurso de Santiago Abascal sufrió entonces un agujero, especialmente por lo que implicaba para agricultores y ganaderos, un nicho muy importante de electores. La apuesta era arriesgada y la mantuvieron hasta el final.Antes del verano Vox había recuperado con creces la caída demoscópica y empezaba un nuevo ascenso que hasta el momento no da señales de que vaya a parar. Por el camino ha afrontado distintas crisis internas que tampoco le han pasado factura. Ni las polémicas sobre su financiación —se han ido archivando todas las investigaciones en curso— ni las críticas de exdirigentes de peso, sobre todo Iván Espinosa de los Monteros o Javier Ortega Smith —que ha sido completamente apartado tras su salida de la ejecutiva nacional— parecen causar daño a la formación.En el último mes del pasado año, el caso que afecta a Revuelta —la organización que apoya a Vox desde 2023 y que se encarga de la movilización activa de los más jóvenes— tampoco da síntomas de haberle afectado en vista de los resultados en Extremadura. El partido decidió alejarse de esta organización por las presuntas irregularidades en sus finanzas a pesar de que Revuelta niega que haya desvío de fondos. La organización juvenil acusa a Vox de querer tomar el control de su marca. Este rifirrafe, que sí ha causado algunos estragos internos, se prolongó durante toda la campaña electoral extremeña. Y en la noche electoral se confirmó lo que nadie esperaba: Vox ha crecido hasta tener el 17% de los apoyos en un territorio vinculado a la izquierda históricamente e impidiendo el verdadero objetivo de María Guardiola, acercarse mucho a la mayoría absoluta.Noticia Relacionada estandar No Guardiola contacta con el candidato de Vox de cara a la investidura y aboga por «pensar solo en Extremadura» Ha asegurado que Fernández en «ningún caso» le transmitió que Vox quería ostentar la presidencia de la Asamblea de ExtremaduraNi las denuncias internas, ni los enfrentamientos, ni las crisis que afectan a sus socios internacionales han limitado el crecimiento de Vox. Es un partido impermeable. Un fenómeno que ya, después de las elecciones de este 21 de diciembre, parecen estar tomándose en serio sus rivales políticos. Especialmente el PP, donde muchos dirigentes llevan días dándole vueltas al escenario que se abre a partir de ahora, mirando a las siguientes citas en Aragón, Castilla y León y Andalucía. Asumen que Vox no solo no irá a menos sino que existe la amenaza de seguir subiendo. «Cuanto más tiempo pase, peor. Van a crecer más y más », resumen dirigentes territoriales populares que se examinan el próximo año en las urnas. Dicho de otra manera: la sensación para el PP es que el partido de Abascal todavía puede dispararse.Abascal, el motorVox vive un momento dulce. Forma parte de la familia de partidos nacionalpopulistas que están de moda en prácticamente todas las latitudes. En Europa sus partidos homólogos son primera o segunda fuerza —en España la tendencia ha ido mucho más despacio—, en Estados Unidos está Trump; en Argentina, Javier Milei; y en Latinoamérica siguen avanzando como ha ocurrido en Honduras y antes en Chile. De hecho, en el cuartel general de Vox tienen objetivos marcados desde hace tiempo. El principal, arrancar 2026 en e l entorno del 20% de los votos a nivel nacional . Ninguna encuesta le da ese nivel de apoyo, pero tampoco lo hacían en Extremadura, donde todos los sondeos lo situaban muy lejos del resultado que obtuvo.Vox ya no es el partido del campo. Ha conseguido traspasar esa barrera y empezar a consolidarse en las ciudadesAbascal es el gran activo de su partido, pero también la formación ha desarrollado una dependencia absoluta del líder. En Extremadura se vio claro cuando ejerció, en la práctica, de candidato autonómico . No es una novedad. Abascal aparece en los carteles electorales de todas las autonomías y en los anteriores ciclos electorales se echó a las espaldas cada campaña. Lo hará en las próximas tres citas electorales, empezando por Aragón, donde el partido tiene altas expectativas de poder despuntar. Vox ya no es el partido del campo. Tiene muchos apoyos en el sector primario, pero ha conseguido traspasar esa barrera y empezar a consolidarse en las ciudades. Se vio en Extremadura cuando quedó segunda fuerza en Badajoz ciudad y muy cerca del PSOE en el caso de Cáceres. En el partido cuentan con seguir el mismo camino en otras capitales de provincia. También la evolución de su discurso económico—proyectado por nuevas voces como el diputado Carlos Hernández Quero — les permite acceder a otras capas de electores como las clases trabajadoras, que durante años han apoyado a los partidos de la izquierda.El auge de los partidos similares en el resto del mundo impulsa a Vox, que podría dispararse en próximas citas electoralesY en este año ha habido más novedades discursivas que les ha facilitado un crecimiento transversal. Por ejemplo, su enfrentamiento a la Iglesia por el papel que juega con la acogida de inmigrantes o el despliegue de sus organizaciones en el Mediterráneo; e incluso episodios en los que ha llamado a la convivencia con la comunidad musulmana. También Vox ha plantado por primera vez al Rey en la Fiesta Nacional, el 12 de octubre, y en actos posteriores ligados a los 50 años de la muerte de Franco y que estaban encabezados por Felipe VI.En una entrevista reciente con ABC , el diputado Quero lo resumía: «A Vox le vota gente que se considera de derechas y gente que no. Gente que opina sobre la Monarquía o la religión de formas muy diferentes. Nos hemos convertido en una esperanza. ¿Teníamos hace diez años un 20 por ciento de gente de extrema derecha en España?». El resto de partidos ya han tomado nota.

