Vuelve el gestor de fondos de toda la vida: análisis y selección de valores para sortear las curvas de 2026
SOURCE:El Pais|BY:Luis Aparicio
Las elevadas valoraciones, un punto de partida con los índices en máximos y unos mercados muy concentrados en los grandes valores presionan en favor de un modelo de gestión más activo
La gestión pasiva ha registrado un auge imparable en los últimos años, hasta el punto de sacudir y obligar a mover ficha a toda la industria de la gestión de activos. Los ETF o fondos cotizados se pliegan a la marcha del mercado al máximo detalle, ya sea replicando índices bursátiles, bonos o metales preciosos como el oro o la plata. Su gran atractivo radica en ofrecer la misma rentabilidad que el conjunto del mercado y hacerlo, en un favorable entorno alcista como el de los últimos años, con unas comisiones bajísimas frente a los fondos de inversión activos, que requieren de un equipo de análisis para la toma de decisiones y exigen más gastos. Pero las tornas podrían cambiar en 2026: los analistas apuntan a este año como el de la vuelta a la gestión activa.
Los máximos históricos de los que parten las Bolsas, las elevadas valoraciones y el alto nivel de concentración del mercado en un puñado de gigantes tecnológicos —causado en buena parte por la gestión pasiva— amplifican el riesgo de corrección bursátil y obligan a la selección de valores y a la búsqueda de oportunidades. Así, en un año que arranca bajo la sospecha de una burbuja creciente en la inteligencia artificial, dejarse llevar sin más por los índices puede no ser la mejor opción.
En Estados Unidos, la gestión pasiva ya domina el 57% del mercado de renta variable frente al 43% de la gestión activa, mientras que ambos modelos de gestión se reparten a la mitad el mercado de bonos. En la Unión Europea, la inversión activa sigue dominando el mercado general de fondos de inversión, pero la inversión pasiva está creciendo rápidamente y ha superado el 25% de la cuota de mercado.
España ha llegado más tarde a la gestión pasiva, aunque las cifras han crecido este 2025. Según datos de Inverco (Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva) los fondos índice comercializados por gestoras españolas acumulan 7.490 millones de euros hasta noviembre, aunque el grueso se contrata con diferencia con gestoras extranjeras como Vanguard o BlackRock, que dominan este tipo de estrategia en todo el mundo. Así, los inversores españoles tenían 94.700 millones de euros entre fondos cotizados (ETF) y fondos indexados suscritos en gestoras foráneas.
Los expertos apuntan a que la bancarización de la inversión, en una industria dominada por las gestoras de las entidades financieras, explica en buena medida que los fondos pasivos se hayan desarrollado menos tanto en Europa como en España. Los bancos prefieren colocar sus propios vehículos activos y que cuentan con comisiones de gestión más altas, aunque esta tendencia ha empezado a cambiar con la llegada de nuevos gestores y también con los bancos que operan por internet y que ofrecen a sus clientes carteras nutridas de fondos pasivos. Pero de nuevo, ante los desafíos que plantea 2026, surgen los partidarios de recuperar al gestor de fondos de toda la vida.
Giordano Lombardo, cofundador, director ejecutivo y codirector de inversiones de Plenisfer Investments (Generali Investments), advierte de que los índices bursátiles están peligrosamente concentrados. “Los inversores pueden pensar que están diversificados, pero en realidad solo están expuestos a un tema: la tecnología estadounidense. Mientras tanto, es probable que los bonos del Estado ofrezcan rendimientos reales negativos si la inflación se mantiene y los bancos centrales continúan recortando los tipos. Cuando aumenta la dispersión y desaparecen las ganancias fáciles, es cuando la gestión activa cobra más importancia”, asegura.
Natalia Aguirre, directora de análisis de Renta 4, avisa también de los riesgos de un exceso en la gestión ligada a los índices. “El fuerte crecimiento de la gestión pasiva en los últimos años, especialmente en EE UU, potencia la concentración en unas pocas empresas de gran capitalización, amplificando las subidas, pero también las bajadas. Funciona, pues, como un apoyo, pero también como un riesgo”, indica.
En los ETF ligados a índices de bonos, la visión en favor de que los gestores salgan a buscar oportunidades en el mercado de renta fija en vez de quedarse quietos también se reactiva. Pilar Gómez-Bravo, codirectora de inversiones de renta fija en MFS Investment Managers, advierte de que la actual concentración derivada de la revolución de la inteligencia artificial podría generar tensiones financieras similares a las vividas durante la burbuja de las puntocom. “La IA transformará la productividad y la eficiencia a largo plazo, pero su financiación y concentración actual plantean riesgos sistémicos. En este contexto, la gestión activa y global es más esencial que nunca”, señala Gómez-Bravo.
En la gestora británica Schroders, Duncan Lamont, director de Investigación Estratégica, y Jon Exley, jefe de Soluciones Especializadas, apuntan al tipo de decisiones de inversión que pueden tomar a propósito los gestores activos, como acudir a una salida a Bolsa o hacer arbitraje entre empresas de gran capitalización y pequeña capitalización. “Los inversores activos pueden operar antes de que se implementen los cambios en el índice, y luego vender a los inversores pasivos cuando se conviertan en compradores forzados. El reequilibrio de los índices conduce a un aumento de los volúmenes de negociación y a la variabilidad de los precios de las acciones afectadas, algo popular en lo que se centran algunas estrategias activas. Los inversores activos también pueden participar en las OPV, donde los pasivos generalmente no lo hacen, viéndose obligados a comprar en el mercado secundario”, explican. Eso sí, todas esas operaciones implican un coste.
Duelo de rentabilidad
Los datos dan de momento la razón a quienes apuestan por la gestión pasiva, más barata además para el bolsillo del inversor. Según el análisis que Standard & Poor’s elabora semestralmente —el conocido informe Spiva, temido por la industria de la gestión de activos— dejarse llevar por el rumbo del mercado es más rentable que confiarse a la tarea sesuda de los gestores. El 90% de los gestores de Bolsa no batió a su índice de referencia en 2024, un balance que se explica en gran parte por los gastos que soportan los vehículos de gestión activa, incluso en un año de buenas revalorizaciones de los índices. S&P sí matiza que la gestión activa en renta fija deja resultados algo mejores. “Nuestras últimas cifras respaldan la percepción general de que la gestión activa tiene más posibilidades de superar la rentabilidad en renta fija que en renta variable. En general, las tasas de bajo rendimiento fueron menores en bonos que en renta variable en todos los horizontes temporales reportados”, explica la agencia.
Esta ventaja en rentabilidad de la gestión pasiva se lleva manteniendo durante los últimos años, aunque en momentos críticos la cosa cambia. “De 1994 a 1999, con el estallido de la burbuja puntocom, las carteras pasivas de crecimiento de gran capitalización de EE UU obtuvieron un rendimiento especialmente bueno, superando en ocasiones al 70% de sus comparables activos. Esto ocurrió a pesar de que las inversiones pasivas representaban una porción mucho menor del mercado que hoy. Cuando estalló la burbuja puntocom, las carteras activas superaron la rentabilidad de las pasivas durante la mayor parte de los ocho años siguientes. El detonante de esa reversión fue un desajuste fundamental entre las valoraciones y los beneficios”, explican John Fogarty y Matthew Whitehurst, estrategas de inversión en renta variable de AllianceBernstein.
Aunque no hay que retroceder tanto en el tiempo ni viajar al período con el que muchos comparan los excesos bursátiles que se incuban en la actualidad para encontrar ejemplos de cómo la gestión activa puede sacar más partido a la volatilidad. El informe Spiva del primer semestre de 2025 también muestra que los gestores activos obtuvieron un buen resultado con la agitación que supuso la declaración de guerra comercial de Donald Trump. Así, casi la mitad de ellos batió al S&P World en la primera mitad del año. Y en el caso de los especializados en Bolsa de países emergentes, un 64% consiguió mejorar el retorno del índice de esta categoría de activos.
La defensa de los pasivos
En España hay varias firmas que ofrecen solo carteras de gestión pasiva. Unai Ansejo, CEO y cofundador de Indexa Capital, señala que los gestores activos y pasivos invierten por lo general en las mismas acciones y defiende que “nadie sabe lo que va a pasar el próximo año”. En defensa de la gestión pasiva añade que “a largo plazo pagar menos comisiones y costes es beneficioso al elevar la rentabilidad de la inversión frente a la gestión activa”.
Giorgio Semenzato, CEO y cofundador de Finizens —otra de las firmas que se han abierto camino en España con la gestión pasiva— explica que el núcleo de su oferta son los fondos indexados que cubren toda clase de activos y de perfiles de riesgo. “Hemos creado también un fondo que va ligado a la marcha de buenos gestores activos como Azvalor, Magallanes, Horos o Cobas. Es una forma de participar en la gestión activa de otros si sabes seleccionar buenos gestores. Por ejemplo, en vez de seleccionar el índice S&P 500 optan por elegir un S&P 300. Las estadísticas siguen apuntando que los fondos activos ofrecen, en general, menos rentabilidad que los pasivos”, concluye.
El debate entre gestión activa y pasiva continúa en definitiva muy vivo, pese a que haya quienes ven 2026 como un año mucho más propicio para la primera opción. Para Rodrigo Utrera, responsable de renta variable de Andbank, ambas fórmulas tienen cabida, en una especie de bucle que se retroalimenta. “Si todos fuesen activos estaríamos teóricamente ante un mercado eficiente imposible de batir. Sin embargo, la gestión pasiva no explota las ineficiencias del mercado, no cotiza noticias y tiene que haber una gestión activa. Si todo fuese gestión pasiva estaríamos ante un mercado peligroso que, como ya hemos visto, provoca una concentración nunca vista en los valores de los principales índices”, aseguró recientemente en una ponencia en el IEB.
Además, según recordó, la evolución de la inversión activa y pasiva depende mucho de la liquidez. “Cuando hay mucha liquidez la inversión pasiva gana en pujanza y cuando deja de haber esa liquidez, el dinero va en busca de la inversión activa para obtener mayor rendimiento, mientras empiezan a venderse valores grandes de los índices”, concluye.
En este recién estrenado año, los inversores van a tener que decantarse por seguir fielmente los índices o buscar gestores con garantías. Como siempre, todo está por descubrir.